Posts Tagged ‘El Cairo’

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Viajar es vivir

6 octubre, 2011

Llega un momento en la vida, y es un momento temprano, en el que uno se da cuenta de que viajar no sólo sirve para tener sueños; también sirve para despertarse. Y levantarse. Y ponerse en marcha. Y aguantar al jefe.
Viajar es el alimento de todos aquellos a quienes les duelen las noticias del periódico o les preocupa el mundo. El aliciente de los que a veces no llegan a fin de mes. La ilusión del que maldice al despertador cada mañana.
Viajar es soportar el atasco de vuelta a casa y sonreír al recordar aquel de cuatro horas que pillaste en El Cairo. Viajar es hacer la cena a los niños saboreando el vino que trajiste de Francia. Viajar es ver atardecer desde la oficina y fundirlo con el que un día viste en Nueva York.
Viajar es algo más que recordar. Incluso algo más que desear. O emocionare. Viajar es hacer el día a día algo más llevadero. Poblar los madrugones de ilusiones y las noches de recuerdos.

Viajar es vivir. O hacer de la vida un sueño.

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Una de indisposiciones

19 agosto, 2011

Me llama mi amiga Laura, sí, otra vez. Y me dice que su viaje a Egipto ha sido un infierno no por la inestabilidad política, no, que eso una ni lo nota cuando va en su estupendo crucero por el Nilo. No porque haya algún peligro, no, que no lo hay. Ha sido un infierno por su intestino y sus  meneos.
“¿Cómo?”, le digo entre estupefacta y regañona. “Nena, parece que has nacido ayer. A ver, mona. Consejo número uno: agua embotellada y precintada hasta para lavarte los dientes. Y jamás, y dijo JAMÁS, tomes fruta sin pelar o ensaladas. Todo ha de estar cocinado. Y, por supuesto, te sonará a consejo de abuela, pero no dejes que te dé el sol en la cabeza y, junto a la botella de agua en la mochila y el protector solar… ¡llévate un Fortasec!”.
“Ya, si es lo que hice”, contaba la pobre Laura con tres kilos menos y unas vacaciones echadas a perder. “Pero es que me apeteció un cóctel…”, y se le saltaban unas lágrimas como el puño.
“Ya, y lo tomaste con hielo. Ahí le has dao, bonita. Agua sin embotellar y congelada en tu cóctel, una bomba de relojería para tu dócil estomaguito occidental, acostumbrado como está al Solán de Cabras, el yogur con bífidus y los cereales con fibra. Y así, ni Abu Simbel, ni Pirámides ni baile de la chilaba. Tu único baile ha sido de la cama al trono y del trono a la cama, como la reina que eres, faraona”.
Consejo de abuela viajera número 1: el bicho que te fastidia las vacaciones está escondido en el cóctel más delicioso. Las apariencias engañan: no te dejes timar. Y el agua del grifo, y el hielo, los dejas pa cuando vuelvas a Madrid.
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Volver a Túnez

24 mayo, 2011

Sue en Túnez

De todos los sitios a los que podría dirigir mis pasos este verano, hay destinos que resuenan en mi cabeza (y en mi corazón) con fuerza. Me tienta Siria, me encantaría Jordania, iría con los ojos cerrados a Jerusalén, recorrería Marruecos, me quedaría un mes en El Cairo y volvería, de nuevo, a Túnez.
Quizá sean muchos –con o sin razón– los que desaconsejen visitar estos países (veánse páginas de actualidad internacional), pero hay algo en ellos que resulta atrayente sin remedio.
La entrada de hoy va por y para Túnez, y sus tunecinos, tan amables, risueños, simpáticos y mediterráneos.
Desde aquí y ahora, pido la voz y la palabra para reivindicar la costa tunecina como un verdadero paraíso para pasar las vacaciones de verano. Son muchos los cruceros que recorren la costa y hacen parada en los enclaves emblemáticos del país:
Tabarka. En la costa Norte, muy mediterránea: playas pequeñas, calas de arena fina, agua cristalina, corales y hasta restos romanos. Un pescado de morirse. Vino blanco. ¿Alguien de más?
Jerba: Ubicada en una isla frente  a la costa: sol, arena blanca, ruinas romanas, castillos, fortalezas de piratas, un zoco impresionante y toda la infraestructura hotelera que puedas desear.
Hammamet: Situada en un golfo y orientada hacia Malta. Tiene todo lo que atrae en verano: playa, hoteles, restaurantes… ¡y turistas! Hermosa por definición, el único pero que tiene es que quizá si permaneces en Hammamet te pierdas el Túnez más auténtico, que es el mejor.
Y así podríamos seguir por Sousse, Monastir, Melloula, Berkoukech… Y necesitaríamos todo un verano para descubrilos y/o que yo os lo cuente. Así que abrevio y os hablo de mi triángulo tunecino favorito: Cartago-Sidi Bou Said-La Marsa. Y le sumamos La Goulette, sí, el pueblo de “Un verano en La Goulette”. Y lo sumamos porque todas estas localidades están la una de la otra a cinco minutos en taxi (3 euros) y porque ir de Cartago (donde te alojas, por ejemplo) a cenar a La Goulette (donde está el mejor pescado fresco  que yo haya tomado jamás) y subir a tomar un té a Sidi Bou Said, no es un viaje: es un paseo. Y un placer.
Y porque, además de estar pegadas las unas a las otras, todas están a 20 minutos de la capital, un buen sitio para pasar el día: el museo del Bardo, la mezquita de la Aceituna, el impresionante zoco… Y el mejor cuscús del mundo. Eso sí, atrévete a comerlo en un restaurante tradicional y, por un día, haz el esfuerzo de salir del circuito “oficial”. Prometo que no te arrepentirás.
Poco o nada puedo añadir sobre Cartago: puedes hartarte a ver ruinas romanas, su museo, tiene unas playas preciosas y un magnífico teatro romano donde todas las noches hay música, teatro, ballet… Al ladito, La Marsa, que cuenta, probablemente, con las mejores playas de la zona ¡y los mejores zumos naturales! Y a tres minutos en coche, el paraíso: asentado sobre una pequeña montaña, con el Mediterráneo a los pies, se eleva el pueblo más hermoso que uno pueda imaginar; un entramado de callejas blancas y azules pobladas de gentes que regalan jazmines y sonrisas a partes iguales. Un paraíso de relax y calma.
Recordándolo, sólo tengo un deseo: volver a hollar sus calles empedradas y ver desvanecerse el día en una de sus magníficas terrazas mirando al mar, mientras suenan, evocadores, los ecos del minarete y el aire huele a flor, incienso y sal.