Posts Tagged ‘escapada’

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Destino Roma

8 marzo, 2012

Y así, sin enterarnos, ha llegado marzo. Y con él, la primavera, que los viajes altera. Pero antes, justo un par de días antes de la llegada más esperada del año, los españolitos de a pie tenemos un jugoso y paternal puente, refugio y amparo –a la vez que alivio– de todos aquellos que hemos pasado el invierno al pie del cañón, madrugando, trabajando, pagando e incluso ahorrando.
Pues bien, ha llegado la hora de darse el homenaje y, con permiso de San José y de quien haga falta, pegarnos una escapada. A ver, para esos tres días (y si ya cogemos el jueves, más que un puente, serán unas reconfortantes minivacaciones) os propongo un destino cercano y lleno de atractivos. Con tu padre o sin él… ha llegado el momento de ir a Roma.
Viajar a Roma vale la pena en cualquier momento del año, desde luego, pero la primavera te ofrece buen tiempo y, dado que el mayor encanto de Roma es caminar y caminar, y ver y ver, y contemplar y contemplar… qué mejor que hacerlo bajo un apacible solecito de marzo. Mi consejo: cógete un hotelito con encanto, céntrico y bien situado, de forma que no tengas que levantarte y coger un autobús. Créeme, es mejor levantarte y tener a cuatro pasos cualquiera de los miles atractivos de la ciudad. Además, tres días se quedan cortos para conocerla, pero son suficientes para amarla y desear volver.
Enumerar en este blog todo lo que puedes ver sería un no parar, así que te resumo las cosas que no debes perderte. Sus siete grandes joyas, pa que no te despistes:

  1. El coliseo. El anfiteatro más famoso de la historia de la humanidad, lleva 20 siglos en pie. Eso sí, evítate la horterada de posar disfrazado de legionario. A tu familia no le interesa verte así. Y a tus amigos del Facebook, tampoco.
  2. Plaza España. Famosa por sus escalinatas –135 peldaños inaugurada por el Papa Benedicto XIII con ocasión del Jubileo de 1725; la construcción de la misma se lleva a cabo gracias a aportaciones de la Casa de los Borbones franceses de 1721-1725 para conectar la embajada española (borbónica), de ahí el nombre de la plaza, con la iglesia de Trinità dei Mont–, punto de encuentro de la ciudad, una pasarela urbana magnífica en medio de un barrio distinguido por sus comercios y tiendas.
  3. Fontana de Trevi. A pocos pasos de Plaza España, la Fontana de Trevi, inmortalizada en el cine, es probablemente una de las fuentes más bellas del mundo. Y no, no vas a resistir la tentación de arrojar tu moneda y pedir un deseo, que quizá sea volver a Roma.
  4. Piazza Navona. Muestra de obras de arte a cielo abierto, con sus esculturas y fuentes. Mercados, cafés y barroco. ¿Alguien da más?
  5. El Panteón. Es el templo mejor conservado de la Antigua Roma, un milagroso recuerdo del esplendor del Imperio, elevado, en origen, como un templo consagrado a las siete divinidades celestes de la mitología romana: el Sol, la Luna, y los cinco planetas (Mercurio, Venus, Marte, JúpiterSaturno)
  6. El Foro Romano. Una oportunidad única de respirar entre las ruinas del Imperio, donde el esplendor pasado se desliza entre columnas y cimientos.
  7. Y como reducir los atractivos de Roma a siete, además de un disparate, es un imposible, os dejo el séptimo a vuestra elección, y me lo contáis a la vuelta: ciudad del Vaticano, el Palatino, el barrio del Trastevere, Villa Borghese, las catacumbas, el arco de Constantino, el mercado de Trajano, las termas de Caracalla, el Ara Pacis, el Circo Máximo, la Boca de la Verdad, el Castillo Sant’Angelo, el Monumento a Víctor Manuel II, El Gianicolo, el Forum Boarium, el Área Sacra…
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Septiembre

13 septiembre, 2011

Septiembre tiene en sus días la insoportable realidad de la vuelta al cole, el color y la soledad de las colecciones inacabadas, de las ofertas de un primer fascículo. Septiembre es gris y ocre. Plomizo. Huele a chimenea, a libros nuevos, a uniforme. Septiembre es un atasco permanente, caras largas. El olvido. Septiembre induce un sueño pesado del que nos negamos a despertar ante la amenaza del invierno. Septiembre es eterno y aburrido… Perdón, septiembre era eterno y aburrido hasta que llegué yo para recordaros que los viajes no tienen horario ni fecha en el calendario.
Poniéndonos serios y en los siguientes supuestos:
1. ¿Tienes hijos y no te queda más remedio que pringar de lunes a viernes llevándolos al cole, recogiéndolos de inglés, acompañándolos a natación…? Muy bien, no se trata de abandonarlos; sino de planear con ellos un fin de semana no muy lejano, ni en tiempo ni en distancia, para recordar que la vida no es sólo rutina. ¿Qué te parece una escapada de fin de semana, casi obligada, al menos una vez al mes, como actividad extraescolar? Yo le daría un diez a esta idea.
2. ¿No tienes hijos, eres un single y/o soltero y/o divorciado de libro pero el trabajo te absorbe? Pues pringa como un león de lunes a jueves, cógete el viernes y pon rumbo a una ciudad desconocida con amigotes y/o ligue ocasional. O solo. Despejarse a buen precio ya no tiene que ser un lujo. Y un puñado de ciudades europeas te esperan con los brazos abiertos y la cerveza en la jarra.
Si ninguno de éstos es vuestro caso, escribidme. Seguro que encuentro la solución a vuestra desidia preotoñal. Un fuerte abrazo y un montón de buenos deseos (ninguno pecaminoso).
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Una de indisposiciones

19 agosto, 2011

Me llama mi amiga Laura, sí, otra vez. Y me dice que su viaje a Egipto ha sido un infierno no por la inestabilidad política, no, que eso una ni lo nota cuando va en su estupendo crucero por el Nilo. No porque haya algún peligro, no, que no lo hay. Ha sido un infierno por su intestino y sus  meneos.
“¿Cómo?”, le digo entre estupefacta y regañona. “Nena, parece que has nacido ayer. A ver, mona. Consejo número uno: agua embotellada y precintada hasta para lavarte los dientes. Y jamás, y dijo JAMÁS, tomes fruta sin pelar o ensaladas. Todo ha de estar cocinado. Y, por supuesto, te sonará a consejo de abuela, pero no dejes que te dé el sol en la cabeza y, junto a la botella de agua en la mochila y el protector solar… ¡llévate un Fortasec!”.
“Ya, si es lo que hice”, contaba la pobre Laura con tres kilos menos y unas vacaciones echadas a perder. “Pero es que me apeteció un cóctel…”, y se le saltaban unas lágrimas como el puño.
“Ya, y lo tomaste con hielo. Ahí le has dao, bonita. Agua sin embotellar y congelada en tu cóctel, una bomba de relojería para tu dócil estomaguito occidental, acostumbrado como está al Solán de Cabras, el yogur con bífidus y los cereales con fibra. Y así, ni Abu Simbel, ni Pirámides ni baile de la chilaba. Tu único baile ha sido de la cama al trono y del trono a la cama, como la reina que eres, faraona”.
Consejo de abuela viajera número 1: el bicho que te fastidia las vacaciones está escondido en el cóctel más delicioso. Las apariencias engañan: no te dejes timar. Y el agua del grifo, y el hielo, los dejas pa cuando vuelvas a Madrid.
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Junio: escapada y amor= combinación perfecta

3 junio, 2011

Junio: escapada y amor= combinación perfecta

 

Las vacaciones con lluvia sólo sirven para el amor. ¡Ay, pobres de los que han dicho: me cojo junio, que no hay nadie, y luego se han encontrado con la tremenda contrariedad de echar de menos el forro polar!

No es ése mi caso, ni mucho menos. Las vacaciones me gustan con calor y con gente. Si no, no parecen vacaciones. Y “jartita” estoy ya de cuadrar mis días para agosto, julio y lo que sea menester.

Eso sí, no os voy a quitar la idea de viajar, ni mucho menos, en el apacible junio, que tiene, entre otras ventajas, como la de la “ausencia de masa popular”, la de dar uso y disfrute a los recién estrenados amores de primavera.

Sí, no vamos a engañarnos, un “single” que se precie se echa un ligue en primavera, que caduca en verano; y el viaje de la temporada estival lo hace uno entre nostálgico y esperanzado, amasando la posibilidad de que otro amor se cruce en un atardecer, al ponerse el sol, o en la barra del bar del hotel.

Pero volvamos a lo que nos ocupa: los viajes de junio, porque una escapada a tiempo siempre es una victoria.

Te recomiendo una maleta ligera de equipaje, un viaje de tres o cuatro días, playa, sol y cervecita al atardecer. Desentumecer los huesos con el primer baño de mar y sol y coger ese color que invita a la minifalda.

Si a esto le sumas que eres un “single” aplicado y te has lanzado a la piscina de la conquista, llévatela y lúcela con gracia. Quizá para el verano ya no la tengas y tu soltería vuelva a ser tu nueva compañera de viaje, que, visto desde determinadas ópticas, no está tan mal. Además, en esta primera escapada suele haber un compañero, no inesperado, sino inoportuno: el día nublado. Y con él, una lluvia que deja los pies helados. Sigue mi consejo, pues, y encárgate de que el corazón permanezca cálido.

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¿Segura sin seguro?

10 mayo, 2011

Mira tú por dónde me levanto un lunes sin ganas de mirarme a la cara. Y no, no es que el domingo hubiera sido especialmente festivo, más bien todo lo contrario. De ahí que no quisiera mirarme a la cara. Y no, en mis sueños tampoco pasó nada emocionante: ni Paul Newman, ni George Clooney haciéndome un café ni Cristiano Ronaldo pasándome un pendiente. Na de na.

Resuelta que es una, apuesto por quitarme la cara de ajo (después del curro, claro; al trabajo da igual ir con cara de ajo que de acelga, o incluso de folio. No, nunca va a asomar por la puerta el hombre de tu vida ni en forma de técnico que repara la impresora, ni en cuerpo de joven musculado que reparte el papel ni de madurito interesante que viene a ocupar el puesto de tu malhumorada jefa) pegándome un viaje de fin de semana. Hay que romper las rutinas a base de bien o las rutinas te romperán a ti.

Dado que si una se levanta de mal humor, se acuesta con él (jamás con otro, es lo que tiene: o sonríes o na de na y hay días que la sonrisa está más escasa que los euros en mi cartera a final de mes); me pillo una escapadita económica a una isla: mar, sol, un mojito. Pero mi ofuscación (no tenía el día pa truenos) me llevó a decirle al vendedor que necesitaba el seguro de viaje en la misma medida que necesito un marido dominante: es decir, nada.

Y ahí estuvo mi error. No en lo del marido, no: sigo empeñada en llevar yo siempre los pantalones. Mi error estuvo en el seguro de viaje. Más bien en la ausencia de él. Hay una especie de ley no escrita que dice que si el lunes te levantas de mal humor… el viernes a las siete no lo tienes mucho mejor. Si a eso le mezclas el sueño y unos tacones… esguince al canto y viaje a la mi… smísima basura. ¿Y el seguro? Donde mi sentido común: en ningún sitio. A pringar, y encima con la pata chula.

Es decir: reserva en la mesa…. ¡presa! Los del hotel tan felices con su habitación pagada y libre. El avión… voló tan pichi sin mí… ¿Y el de la agencia? Todavía se está partiendo de risa.

Consejo: más vale unos eurejos del seguro en mano, que ciento volando.

See you en la próxima travesía.