Posts Tagged ‘Francia’

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Viajar es vivir

6 octubre, 2011

Llega un momento en la vida, y es un momento temprano, en el que uno se da cuenta de que viajar no sólo sirve para tener sueños; también sirve para despertarse. Y levantarse. Y ponerse en marcha. Y aguantar al jefe.
Viajar es el alimento de todos aquellos a quienes les duelen las noticias del periódico o les preocupa el mundo. El aliciente de los que a veces no llegan a fin de mes. La ilusión del que maldice al despertador cada mañana.
Viajar es soportar el atasco de vuelta a casa y sonreír al recordar aquel de cuatro horas que pillaste en El Cairo. Viajar es hacer la cena a los niños saboreando el vino que trajiste de Francia. Viajar es ver atardecer desde la oficina y fundirlo con el que un día viste en Nueva York.
Viajar es algo más que recordar. Incluso algo más que desear. O emocionare. Viajar es hacer el día a día algo más llevadero. Poblar los madrugones de ilusiones y las noches de recuerdos.

Viajar es vivir. O hacer de la vida un sueño.

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Viaja, que algo queda

5 julio, 2011

El verano, el tiempo, la vida… son un abrir y cerrar de ojos. Y no podemos pasar por este suspiro sin alimentarlo de emociones, sensaciones, ilusiones y…¡viajes!

Estamos a 6 de julio. Pasado San Fermín, nuestros pasos se dirigen firmes hacia agosto y, en un plis-plas (vale, estoy dramatizando, pero es que yo soy así, muy exagerá), llegan las caravanas de vuelta a casa, los libros de texto, los Corticoles y las clases de inglés.

Después de leer este post, echaos la siesta. Despertad el 6 de septiembre y decidme qué le queréis contar al mundo. ¿Que no te fuiste de viaje en verano porque hiciste obra en la cocina? ¿Que no saliste porque tu novio se ha quedado en paro? ¿Que bueno, no has viajado, pero has ido mucho de terracitas?
No, amigos. El 6 de septiembre nuestras arcas estarán más o menos como ahora (las de unos llenas, las de otros no tanto y habrá otras vacías), pero podremos gritarle al mundo que vimos amanecer en Tánger, que visitamos Antigua, que en nuestro crucero conocimos al amor de nuestra vida o que escuchamos la primera llamada a la oración en Luxor.

También describiremos el placer del agua y la arena en los pies, el sabor del mar. El tibio aroma a sal en la piel.

El 6 de septiembre seremos los mismos, quizá ni más ricos ni más pobres, pero sí más felices. Y podremos recordar el sabor del pan en Francia, del vino en Portugal o de la cerveza en Praga. Y alimentar nuestro latido con la esencia de mil atardeceres que nos vieron gritarle al mundo aquello de gracias por existir y ser tan distinto y generoso en cada uno de tus rincones