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¿Segura sin seguro?

10 mayo, 2011

Mira tú por dónde me levanto un lunes sin ganas de mirarme a la cara. Y no, no es que el domingo hubiera sido especialmente festivo, más bien todo lo contrario. De ahí que no quisiera mirarme a la cara. Y no, en mis sueños tampoco pasó nada emocionante: ni Paul Newman, ni George Clooney haciéndome un café ni Cristiano Ronaldo pasándome un pendiente. Na de na.

Resuelta que es una, apuesto por quitarme la cara de ajo (después del curro, claro; al trabajo da igual ir con cara de ajo que de acelga, o incluso de folio. No, nunca va a asomar por la puerta el hombre de tu vida ni en forma de técnico que repara la impresora, ni en cuerpo de joven musculado que reparte el papel ni de madurito interesante que viene a ocupar el puesto de tu malhumorada jefa) pegándome un viaje de fin de semana. Hay que romper las rutinas a base de bien o las rutinas te romperán a ti.

Dado que si una se levanta de mal humor, se acuesta con él (jamás con otro, es lo que tiene: o sonríes o na de na y hay días que la sonrisa está más escasa que los euros en mi cartera a final de mes); me pillo una escapadita económica a una isla: mar, sol, un mojito. Pero mi ofuscación (no tenía el día pa truenos) me llevó a decirle al vendedor que necesitaba el seguro de viaje en la misma medida que necesito un marido dominante: es decir, nada.

Y ahí estuvo mi error. No en lo del marido, no: sigo empeñada en llevar yo siempre los pantalones. Mi error estuvo en el seguro de viaje. Más bien en la ausencia de él. Hay una especie de ley no escrita que dice que si el lunes te levantas de mal humor… el viernes a las siete no lo tienes mucho mejor. Si a eso le mezclas el sueño y unos tacones… esguince al canto y viaje a la mi… smísima basura. ¿Y el seguro? Donde mi sentido común: en ningún sitio. A pringar, y encima con la pata chula.

Es decir: reserva en la mesa…. ¡presa! Los del hotel tan felices con su habitación pagada y libre. El avión… voló tan pichi sin mí… ¿Y el de la agencia? Todavía se está partiendo de risa.

Consejo: más vale unos eurejos del seguro en mano, que ciento volando.

See you en la próxima travesía.