Posts Tagged ‘otoño’

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En el baúl de los recuerdos

30 octubre, 2011

Hay quien dice que el otoño es el momento propicio para sentarse junto a la chimenea, abrir una botella de vino y recordar. Yo creo que el otoño es el momento propicio –como todos los demás momentos del año– para viajar.
Así, cuando pasen los años, recordaremos junto a nuestra chimenea que un año vivimos Halloween en Nueva Orleans, que comimos castañas en París, que paseamos por Venecia un 29 de octubre, que tomamos vino caliente en Praga. O mejor aún, que celebramos el Día de los Muertos en México, hasta arriba de tequila. De todo ello, con fotos o no, habrá mil imágenes en nuestra memoria y un montón de emociones en el corazón.

¿O por qué no huir de la lluvia y los atascos, las chimeneas y las nostalgias y esconderse en un cálido paraíso, palmera incluida? ¿Por qué no llenar la vida de algo más que rutinas y malas noticias?

La música, el vino, la lluvia, un café a media tarde son sensaciones gratas. Si además tuviste la suerte de vivirlas en Londres, serán excelentes recuerdos. Y dentro de unos años, cuando nos sentemos junto a nuestros nietos en la chimenea la noche de Halloween, porque sus padres están de viaje, y abramos nuestra caja de fotografías podremos decir que sí, que hemos vivido. También en otoño.

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Con mi última conquista

20 octubre, 2011

Dice mi amiga Ana que en otoño se siente fea, que no le sientan bien los tonos oscuros, que le deprime el frío y le agobia que los días sean más cortos. Todo esto, sumado al estrés y las rutinas, provocan que su libido equivalga a cero. Me llama el sábado y me lo cuenta. Y yo, disimulando. Porque, ¿dónde estaba yo? De escapada romántica con mi última conquista, de cuyo nombre no puedo olvidarme, y con quien evité posibles depresiones otoñales compartiendo pan, vino y hotel en una preciosa ciudad europea por cuatro duros, por aquello de la temporada baja. Total, que yo nueva. Y ella, la pobre, lloriqueando y poniéndose fina a buñuelos: “Y encima, Juan, ni me mira”, acierta a balbucear mientras traga otro buñuelo de crema entre lágrimas y quebrantos.

“Pero, hija, cómo te va a mirar –le espeto–. Si no paras de llorar y zampar… Hazme el favor, Ana. Cómprate un vestido, unas buenas medias y vete a ver las ofertas de viaje. Coge una, la que consideres oportuna: por precio, destino o por pálpito. Pero sal de ahí. A ti lo que te pasa es que te niegas a vivir. Te niegas a viajar. Busca emociones, sensaciones nuevas, colores, sabores y aromas. O lo que es lo mismo: sácate un billete”.

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El viaje del otoño

28 septiembre, 2011

Mujer triste con maleta en otoño

Una vez leí que la caída de las hojas es música para la melancolía. Que las pérdidas de amor se lloran más en otoño, que el alma se entrega en octubre a las tristezas con verdadera pasión. Que el frío y el viento son el marco perfecto para el cuadro de las nostalgias, que se pinta de marrón y amarillo, de acompasadas gotas de lluvia tras los cristales.

Un día me contaron que, cuando cae la tarde, a finales de septiembre, el cielo rojizo trae aromas de tiempos perdidos, de risas pasadas, de románticos paseos que ya habitan en el poblado país del olvido. Que los cafés se encaprichan a mostrarse solitarios y decadentes, aunque estén a rebosar de almas que fingen entusiasmo. Que las calles se llenan de silencios y de lágrimas, de pasos abandonados a su suerte, de corazones en busca de amor.

Nunca leí tal cosa ni nadie me contó nada parecido. De hecho, os lo cuento y escribo hoy para deciros, o quizá recordaros, que si os estáis perdiendo el cálido regocijo que proporciona el gris otoño, os entreguéis a él en Praga, Lisboa, París… ¡o Soria! ¿Algo mejor que contemplar esta plácida decadencia compartiendo un café en algún lugar apartado de la oficina y las rutinas? A mí no se me ocurre.