Posts Tagged ‘París’

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Escapada con nuevo amor

17 abril, 2012

Mi amiga Laura, que no para, ha venido feliz de sus vacaciones de Semana Santa. El caso es que la tía me hizo caso en uno de los destinos que recomendé en este blog: Segovia y alrededores. Deprimida como estaba por su última y traumática ruptura (y van tropecientas), dejó que el tiempo se le echara encima y se encontró el Viernes Santo por la mañana sola, triste, hecha polvo y sin destino. Así que, ni corta ni perezosa, cogió su coche y se fue a trotar por tierras castellanas. Quiso el destino que allí tropezara (literal) con un apuesto caballero. A su estrepitosa caída se unió una tarde en Urgencias, un esguince y un nuevo amor. Cosas que pasan. Tropiezos que tiene la vida (algunos muy agradables, claro).
Ella, que es indecisa para casi todo, me llama esta mañana y me dice que quiere regalarle un finde romántico. Que dónde va.

-Hija, pues llévatelo a París.
-¿A París otra vez?, dice estupenda.
-¿Es que has estado con él ya en París?
-No, he estado con otros.
-Pues llévate a éste. Siempre hay una excusa para volver a París, además de un nuevo amor. Mira te doy  cinco:

1. Arte. Y no sólo el Louvre. El Museo D’Orsay prepara una estupenda exposición de  los desnudos de Degas.

2. Flamenco. El Festival Flamenco, con los mejores artistas, se instala en el parque de la Villette.

3. Ópera.  El Domaine de Sceaux, situado a las puertas de París, programa noches líricas al aire libre.

4. Turistear. Sí, turistear, pero en un Citroën 2CV por 19 euros. Y recorrer en este peculiar coche las calles más bellas de la romántica ciudad.

5. La Torre Eiffel, Notre Dame, Sainte Chapelle, Versalles, el Arco de Triunfo… y mil  motivos más, amén de pasear del brazo  con tu nuevo churri, hija. Que una no encuentra estos líos de un día para otro en un viaje casual. ¿O sí?
Habrá que comprobarlo.

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En el baúl de los recuerdos

30 octubre, 2011

Hay quien dice que el otoño es el momento propicio para sentarse junto a la chimenea, abrir una botella de vino y recordar. Yo creo que el otoño es el momento propicio –como todos los demás momentos del año– para viajar.
Así, cuando pasen los años, recordaremos junto a nuestra chimenea que un año vivimos Halloween en Nueva Orleans, que comimos castañas en París, que paseamos por Venecia un 29 de octubre, que tomamos vino caliente en Praga. O mejor aún, que celebramos el Día de los Muertos en México, hasta arriba de tequila. De todo ello, con fotos o no, habrá mil imágenes en nuestra memoria y un montón de emociones en el corazón.

¿O por qué no huir de la lluvia y los atascos, las chimeneas y las nostalgias y esconderse en un cálido paraíso, palmera incluida? ¿Por qué no llenar la vida de algo más que rutinas y malas noticias?

La música, el vino, la lluvia, un café a media tarde son sensaciones gratas. Si además tuviste la suerte de vivirlas en Londres, serán excelentes recuerdos. Y dentro de unos años, cuando nos sentemos junto a nuestros nietos en la chimenea la noche de Halloween, porque sus padres están de viaje, y abramos nuestra caja de fotografías podremos decir que sí, que hemos vivido. También en otoño.

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El viaje del otoño

28 septiembre, 2011

Mujer triste con maleta en otoño

Una vez leí que la caída de las hojas es música para la melancolía. Que las pérdidas de amor se lloran más en otoño, que el alma se entrega en octubre a las tristezas con verdadera pasión. Que el frío y el viento son el marco perfecto para el cuadro de las nostalgias, que se pinta de marrón y amarillo, de acompasadas gotas de lluvia tras los cristales.

Un día me contaron que, cuando cae la tarde, a finales de septiembre, el cielo rojizo trae aromas de tiempos perdidos, de risas pasadas, de románticos paseos que ya habitan en el poblado país del olvido. Que los cafés se encaprichan a mostrarse solitarios y decadentes, aunque estén a rebosar de almas que fingen entusiasmo. Que las calles se llenan de silencios y de lágrimas, de pasos abandonados a su suerte, de corazones en busca de amor.

Nunca leí tal cosa ni nadie me contó nada parecido. De hecho, os lo cuento y escribo hoy para deciros, o quizá recordaros, que si os estáis perdiendo el cálido regocijo que proporciona el gris otoño, os entreguéis a él en Praga, Lisboa, París… ¡o Soria! ¿Algo mejor que contemplar esta plácida decadencia compartiendo un café en algún lugar apartado de la oficina y las rutinas? A mí no se me ocurre.