Posts Tagged ‘Praga’

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El viaje del otoño

28 septiembre, 2011

Mujer triste con maleta en otoño

Una vez leí que la caída de las hojas es música para la melancolía. Que las pérdidas de amor se lloran más en otoño, que el alma se entrega en octubre a las tristezas con verdadera pasión. Que el frío y el viento son el marco perfecto para el cuadro de las nostalgias, que se pinta de marrón y amarillo, de acompasadas gotas de lluvia tras los cristales.

Un día me contaron que, cuando cae la tarde, a finales de septiembre, el cielo rojizo trae aromas de tiempos perdidos, de risas pasadas, de románticos paseos que ya habitan en el poblado país del olvido. Que los cafés se encaprichan a mostrarse solitarios y decadentes, aunque estén a rebosar de almas que fingen entusiasmo. Que las calles se llenan de silencios y de lágrimas, de pasos abandonados a su suerte, de corazones en busca de amor.

Nunca leí tal cosa ni nadie me contó nada parecido. De hecho, os lo cuento y escribo hoy para deciros, o quizá recordaros, que si os estáis perdiendo el cálido regocijo que proporciona el gris otoño, os entreguéis a él en Praga, Lisboa, París… ¡o Soria! ¿Algo mejor que contemplar esta plácida decadencia compartiendo un café en algún lugar apartado de la oficina y las rutinas? A mí no se me ocurre.

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Hoy es el día más deseado del año: 1 de agosto

1 agosto, 2011

Hoy es el día más deseado del año: 1 de agosto.
Incontable: número de almas que cuentan los días hasta llegar a hoy. Ésa es la nueva definición del diccionario para esta palabra. Es el mes vacacional por definición. El mes en el que la ciudad se tiñe sólo de asfalto y de carteles de “cerrado por vacaciones”. Ni el estanco de la esquina, ni el bar de abajo, ni la panadería de la plaza… Todos se rinden a los encantos de agosto. Y el corazón viajero, ávido de experiencias, ya tiene su reserva, su crucero o su hotel, su vuelo y su media pensión o alojamiento con desayuno, su playa, su biquini y hasta la sana intención de salir a pasear cada mañana a ver si baja algún kilito.
El alma trasnochada pero viajera, como la mía, e indecisa por definición, variable, cambiante e inestable, aún no sabe si optará por Marruecos, Turquía, crucero a Túnez u hotelito con encanto en Praga. No, aún no lo sabe y el tiempo se le echa encima, pero no importa: la indecisión, tratándose de estas lides, también es placentera. Basta un click para desatar los sueños y la imaginación, que quieren llegar a Chaouen, saborear Estambul, dormir en Cartago y despertar en Alejandría. Basta un click para abrirse al mundo y al merecido descanso.
Ni los precios ni los deseos aclararán mis dudas: un paseo a mi agencia de cabecera, quizá sí.
Prepárense ustedes, esta tarde me planto allí con mi maleta y prometo no salir hasta tener mi destino bajo el brazo.
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Viaja, que algo queda

5 julio, 2011

El verano, el tiempo, la vida… son un abrir y cerrar de ojos. Y no podemos pasar por este suspiro sin alimentarlo de emociones, sensaciones, ilusiones y…¡viajes!

Estamos a 6 de julio. Pasado San Fermín, nuestros pasos se dirigen firmes hacia agosto y, en un plis-plas (vale, estoy dramatizando, pero es que yo soy así, muy exagerá), llegan las caravanas de vuelta a casa, los libros de texto, los Corticoles y las clases de inglés.

Después de leer este post, echaos la siesta. Despertad el 6 de septiembre y decidme qué le queréis contar al mundo. ¿Que no te fuiste de viaje en verano porque hiciste obra en la cocina? ¿Que no saliste porque tu novio se ha quedado en paro? ¿Que bueno, no has viajado, pero has ido mucho de terracitas?
No, amigos. El 6 de septiembre nuestras arcas estarán más o menos como ahora (las de unos llenas, las de otros no tanto y habrá otras vacías), pero podremos gritarle al mundo que vimos amanecer en Tánger, que visitamos Antigua, que en nuestro crucero conocimos al amor de nuestra vida o que escuchamos la primera llamada a la oración en Luxor.

También describiremos el placer del agua y la arena en los pies, el sabor del mar. El tibio aroma a sal en la piel.

El 6 de septiembre seremos los mismos, quizá ni más ricos ni más pobres, pero sí más felices. Y podremos recordar el sabor del pan en Francia, del vino en Portugal o de la cerveza en Praga. Y alimentar nuestro latido con la esencia de mil atardeceres que nos vieron gritarle al mundo aquello de gracias por existir y ser tan distinto y generoso en cada uno de tus rincones