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Junio: escapada y amor= combinación perfecta

3 junio, 2011

Junio: escapada y amor= combinación perfecta

 

Las vacaciones con lluvia sólo sirven para el amor. ¡Ay, pobres de los que han dicho: me cojo junio, que no hay nadie, y luego se han encontrado con la tremenda contrariedad de echar de menos el forro polar!

No es ése mi caso, ni mucho menos. Las vacaciones me gustan con calor y con gente. Si no, no parecen vacaciones. Y “jartita” estoy ya de cuadrar mis días para agosto, julio y lo que sea menester.

Eso sí, no os voy a quitar la idea de viajar, ni mucho menos, en el apacible junio, que tiene, entre otras ventajas, como la de la “ausencia de masa popular”, la de dar uso y disfrute a los recién estrenados amores de primavera.

Sí, no vamos a engañarnos, un “single” que se precie se echa un ligue en primavera, que caduca en verano; y el viaje de la temporada estival lo hace uno entre nostálgico y esperanzado, amasando la posibilidad de que otro amor se cruce en un atardecer, al ponerse el sol, o en la barra del bar del hotel.

Pero volvamos a lo que nos ocupa: los viajes de junio, porque una escapada a tiempo siempre es una victoria.

Te recomiendo una maleta ligera de equipaje, un viaje de tres o cuatro días, playa, sol y cervecita al atardecer. Desentumecer los huesos con el primer baño de mar y sol y coger ese color que invita a la minifalda.

Si a esto le sumas que eres un “single” aplicado y te has lanzado a la piscina de la conquista, llévatela y lúcela con gracia. Quizá para el verano ya no la tengas y tu soltería vuelva a ser tu nueva compañera de viaje, que, visto desde determinadas ópticas, no está tan mal. Además, en esta primera escapada suele haber un compañero, no inesperado, sino inoportuno: el día nublado. Y con él, una lluvia que deja los pies helados. Sigue mi consejo, pues, y encárgate de que el corazón permanezca cálido.

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Huele a verano, es tiempo de viajar

17 mayo, 2011

Quizá sean los estimulantes primeros rayos de sol, las terrazas, la luz, las flores… pero aquí huele a verano. ¡Y mucho! Y con él… las dudas.

Lo bueno de ser un single de libro es mucho: entro y salgo cuando quiero, todo lo que gano es mío, me compro los vestidos que me da la gana, no soporto a nadie, no aguanto más manías que las propias y hago de mi capa un sayo (cuanto más corto, mejor). Ahora bien: el verano es época de grandes viajes. Y grandes gastos, sobre todo si pillas habitación individual.

No, no es trágico. Al contrario: viajar solo es placentero. Pero es caro.

Sí, existe la opción de irse con un amig@ (perdonad la tontería, es por abreviar y porque igual da ir con chico o chica, si son amigos de verdad y no alguien que quiera meterte mano). Pero también existe el peligro de acabar de tu amig@ hasta la coronilla y volver sin pareja y sin amig@.

También se puede viajar con es@ amig@ y no compartir habitación. Sí, es una opción: acompañada pero sola. La mejor posible, pero la economía no se verá beneficiada. Es más, si vas justica, se puede hasta ver afectada (para mal). En las soledades de cada cual, si uno no quiere bajar a cenar, no baja. Con tu amig@, el tren es otro: el gasto también.

Que qué hacer. Pues no sé. Soy un mar de dudas, eso sí, prefiero navegar en un mar de dudas (y si de paso es real, mejor que mejor) que quedarme en casa y remojarme los pies en la piscina municipal.

Solos, acompañados, con amig@, amante (quién sabe, de aquí a agosto puede pasar casi de todo), hermanos, sobrinos… id mirando las ofertas. Es verano: es tiempo de viajar. De proyectar sueños.