Posts Tagged ‘vacaciones’

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¡Bienvenidos a la luz!

11 mayo, 2012

Torres de Serrano, en Valencia.

La mañana ha traído rumores de verano y aroma a vacaciones. El sol se despierta sin pereza y la vida huele a flores y a sal; la rutina ya no es tal, es un transcurrir acompasado y mecido por las olas del mar.

Nunca, en mis años de vida –aunque no son tantos– había necesitado tanto la alegría del buen tiempo, el apacible mayo.

Y puestos a pedir, nunca había deseado tanto las vacaciones. Pero hete aquí que la realidad me devuelve una verdad aplastante: “Aún quedan unas semanitas para eso, para la gran escapada”.

Pero hay otra verdad: no queda nada para echar el biquini en el bolso y escaparme a la playa nada más salir de trabajar el viernes a las dos. Es decir, hoy mismo. Dónde. Fácil: Valencia. A tres horas de Madrid, buena gastronomía, descanso y sol. Y para los más valientes, mucha fiesta.

Corruptelas aparte (no merece esta ciudad todo lo que le han echado encima), Valencia es un sitio al que ir para que nos vaya invadiendo el color y no acabar bajando a la piscina de la urbanización cual frasca de leche desnatada (si el régimen ya ha hecho efecto. Si no, seremos un bote de nada andante).

Valencia es mucho más que el lugar ideal para hacer trapicheos. Bromas aparte, Valencia es algo más que huerta, playa y paella (y eso ya es mucho). Valencia tiene un gran patrimonio histórico y artístico, desde la lonja al palacio del marqués de Dos Aguas, pasando por el Museo de  Bellas Artes y rematando el paseo en las Torres de Serrano.

A buen precio y con un clima envidiable, no se me ocurre mejor plan para este fin de semana. ¿A vosotros sí?

Ah, ya, a los valencianos les propongo el mismo camino pero en sentido contrario: Madrid.

Qué decir de Madrid que no se haya dicho ya, si menos playa tiene de todo. Además, este fin de semana empieza su fiesta grande: San Isidro. Aunque Madrid en sí es siempre una fiesta que incluye todos los ambientes. Tapas, cañas, toros, museos, conciertos, arte, cultura, paseos, fútbol… Madrid es una ciudad por descubrir. Empieza por gastar las zapatillas en el barrio de los Austrias y acaba de cañas en Ventas. Si te queda energía, por la noche vete a Las Vistillas. Y a la mañana siguiente, a El Prado. O al Thyssen. O al Reina Sofía. Y a pasear por El Retiro.

En fin, que el buen tiempo acompaña. Es primavera. Y lo más importante: hay que vivir. Bienvenidos a la luz y al sol.

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Viajar… ¡ese ejercicio para el alma!

20 marzo, 2012

Que el invierno pasa factura al cuerpo y al alma es tan cierto como que la primavera ha llegado.

Así que, tras el acochinamiento general, traducido en algún que otro kilo, ayer, chándal en ristre, me dispuse a deshacerme a golpe de paseo de 40 minutos diarios –sin premio de bollería al final– de aquello que el exceso ha regalado a mi cintura. Pero hete aquí que mis ojos se detuvieron en un escaparate, y no, no era una pastelería, sino algo mucho más dulce: una agencia de viajes. Ay, mens sana in corpore sano. Viajar… ¡ese ejercicio para el alma!
De todas las apetitosas ofertas  que me llamaban pecaminosas tras el cristal, una me produjo escalofríos, espasmos y sudores. Viena en Semana Santa. ¡Sí!
¿Por qué? Porque este año se cumplen 150 años del nacimiento de Gustav Klimt y Viena acoge numerosas exposiciones suyas en varios museos, desde el Albertina al Museo de Viena.  ¿Por qué más? Porque desde enero se está representando “Cats”, con un escenario completamente redondo. ¿Más motivos? Sí, los mercados –ahora con los huevos de Pascua–,  bares, palacios restaurantes, el Graben, una amplia plaza repleta de tiendas y terrazas de cafeterías con grandes sombrillas… Por la Ópera de Viena, el Museo de Bellas Artes, el Parlamento, el Ayuntamiento…
Así que, emocionada con el estímulo, me pillé una palmera pensando que esos gramos –tampoco hay que exagerar– me los quitaré pateando esta ciudad, que se lo merece, dada la cantidad de excusas que me ofrece para hacer las maletas y dirigir allí mis pasos.
¿Vosotros tenéis ya destino de Semana Santa?
¿No?
¿Y a qué esperáis para quitaros la torrija?
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A dos horas de casa, hay un cálido paraíso para ti… ¡reina!

12 enero, 2012

Ya, es un coñazo. Pasadas las Navidades, la gente sólo habla de rebajas y/o cuesta de enero, del largo invierno y de los interminables días que quedan hasta que llegue otro período vacacional. Sí, el invierno supone una época oscura y un tanto decadente. Pero no para nosotros.
¿Habéis pensado ya en el viaje para ir a esquiar o estáis pensando en el sol?
Yo soy más de lo segundo que de lo primero y, como el movimiento se demuestra andando (viajando en este caso), en las próximas entradas os propondré un destino de fin de semana para huir de los días grises y refugiarse bajo el sol. Y no, no hace falta irse al Caribe; a sólo dos horas de avión, y a muy buen precio, tienes paraísos cargados de luz y mar para afrontar estos meses con la energía que el invierno quiere robarte (no te dejes).

¿Quieres el primero?
Toma nota: Hammamet.
Vete a tu agencia de viajes y pilla un vuelo a Túnez, la capital, a sólo 60 km de este paraíso (un taxi te llevará desde el aeropuerto al hotel en Hammamet por menos de cinco euros). Una vez allí, abre bien los ojos y expande tu nariz –la ciudad huele a jazmín y playa–, tómate un té y disfruta. El lujo árabe se pone a tus pies: fina arena, el plácido Mediterráneo, un relajante hamman… o simplemente pasear por las calles de su medina, abrazada por el impresionante fuerte español del siglo xv que rodea este lugar, abstraída por los ecos de la mezquita y seducida por los mil aromas de su comida tradicional.

Además, a tiro de piedra tienes Sidi Bou Said, Soussa, Cartago… pero esto es harina de otro costal y lo reservaremos para viajes más largos. De momento, no hagas hueco en tu agenda: basta un fin de semana para recuperar alegría y luz… ¿o piensas caducar esperando en la cola de los probadores en el agobio de las rebajas?

Ya, sacúdete la pereza y empieza a mirar hoteles. Quítate el mal rollo mojando tus pies en las claras aguas tunecinas y déjate envolver por el atractivo del mundo árabe. A dos horas de casa, hay un cálido paraíso para ti… ¡reina!

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El puente es tuyo

5 diciembre, 2011

No me lo puedo creer. Ni quiero creérmelo. ¿Perteneces a ese minoritario grupo de población que ha decidido quedarse el puente en “casita”? Mal. Muy mal. Y esta entrada es una regañina. Cuando más se disfruta de casa es cuando se vuelve. Y aún estás a tiempo. Porque no sabemos lo que nos espera al otro lado del trayecto, pero sí sabemos la ilusión que produce ponerse en marcha, elegir un destino, juntar el viernes con el jueves, liarse la manta a la cabeza y despertarse desayunando en… ¿Dublín? Y si pasas de avión y aeropuertos… ¿qué tal tres días en Granada?
¿Esquías?¿Andorra?
¿Te gusta comer? ¿San Sebastián?
¿Pasear? ¿Córdoba?
¿Ver museos? ¿Madrid?
Entonces… ¿a qué estás esperando para echarles un vistazo a las ofertas de última hora?
Luego, las rutinas y hasta las Navidades, sí, las Navidades, con su familia y sus turrones, acaban pasando factura física y mental. Tómate el respiro, cógete el puente y camina feliz hacia el otro lado. Allí, en el destino, no sabemos lo que nos espera, pero sí tenemos la certeza de que será algo distinto y, con toda probabilidad, inolvidable. Porque cada vez que emprendemos un viaje pasan pequeñas cosas que alimentan la sonrisas, llenan las mentes de recuerdos y el corazón de ilusiones.

No dejes que tus días de descanso se conviertan en noches tristes de pijama y televisión. ¡El puente es tuyo!

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Una de indisposiciones

19 agosto, 2011

Me llama mi amiga Laura, sí, otra vez. Y me dice que su viaje a Egipto ha sido un infierno no por la inestabilidad política, no, que eso una ni lo nota cuando va en su estupendo crucero por el Nilo. No porque haya algún peligro, no, que no lo hay. Ha sido un infierno por su intestino y sus  meneos.
“¿Cómo?”, le digo entre estupefacta y regañona. “Nena, parece que has nacido ayer. A ver, mona. Consejo número uno: agua embotellada y precintada hasta para lavarte los dientes. Y jamás, y dijo JAMÁS, tomes fruta sin pelar o ensaladas. Todo ha de estar cocinado. Y, por supuesto, te sonará a consejo de abuela, pero no dejes que te dé el sol en la cabeza y, junto a la botella de agua en la mochila y el protector solar… ¡llévate un Fortasec!”.
“Ya, si es lo que hice”, contaba la pobre Laura con tres kilos menos y unas vacaciones echadas a perder. “Pero es que me apeteció un cóctel…”, y se le saltaban unas lágrimas como el puño.
“Ya, y lo tomaste con hielo. Ahí le has dao, bonita. Agua sin embotellar y congelada en tu cóctel, una bomba de relojería para tu dócil estomaguito occidental, acostumbrado como está al Solán de Cabras, el yogur con bífidus y los cereales con fibra. Y así, ni Abu Simbel, ni Pirámides ni baile de la chilaba. Tu único baile ha sido de la cama al trono y del trono a la cama, como la reina que eres, faraona”.
Consejo de abuela viajera número 1: el bicho que te fastidia las vacaciones está escondido en el cóctel más delicioso. Las apariencias engañan: no te dejes timar. Y el agua del grifo, y el hielo, los dejas pa cuando vuelvas a Madrid.
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¿Destino elegido? Estambul

8 agosto, 2011

rebajas en Estambul

No sé a vosotros. Pero a mí, hace años que las rebajas de verano dejaron de compensarme.

Después de tantos meses de trabajo, de cuentas y esfuerzo, comprarme un vestido a mitad de precio en Zara no me aporta casi nada: una satisfacción momentánea. Un placer no duradero, un consuelo mínimo que pasa y se olvida, como los romances fugaces, como tomarte un helado. Es decir… que no está mal, pero no tiene nada que ver con los besos con amor, las caricias con cariño y… ¡LOS VIAJES!
Sí, escrito así. Porque viajar es un placer mayúsculo. Alguien dijo alguna vez, y si no lo dijo alguien ya lo digo yo, que uno es lo que viaja. Lo que ve y conoce, lo que pasa en los viajes y en los suelos que pisa. Y no, no se trata de venir de un viaje aplastado por conocimientos y rebosando datos para soltarlos en las cenas con los amigos. No. No se trata tampoco de ir, ver y volver. Y no parar hasta verlo todo. No. No es eso. Viajar es elegir un destino y llegar allí sin la expectativa de quedar extenuado por ver cada rincón, sin el afán de encontrarse con el amor de tu vida y, desde luego, sin la intención de conocer a un famoso en el bar del hotel. Viajar es alejarse y olvidar, respirar nuevos olores y alimentarse de nuevos sabores. Viajar es sentarse a no hacer nada en una plaza recoleta y dejar que el tiempo muera lentamente.
¿A que se nota que tengo ganas de viajar? ¡Pues ya no me queda nada! ¿Destino elegido? Estambul. Y con ella, más bien en ella, las esencias de Bizancio y Constantinopla, lo que fuera y que le hace ser lo que es: una de las ciudades más bellas del mundo. No, no me voy a leer ocho libros. No me voy a matar por verla entera. No, no os voy a dar la paliza en el blog contando todo lo que veo. Sólo voy a hacer una cosa: ir y disfrutar.
Prometo haceros partícipes de mi disfrute. Al menos intentarlo.
Mientras llega el día, el gozo ya ha comenzado: por la ilusión de ir, por la agradable espera y porque pasaré por las rebajas animada con la idea de comprarme algún modelito que estrenar allí. Que no nos falte de na.

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Hoy es el día más deseado del año: 1 de agosto

1 agosto, 2011

Hoy es el día más deseado del año: 1 de agosto.
Incontable: número de almas que cuentan los días hasta llegar a hoy. Ésa es la nueva definición del diccionario para esta palabra. Es el mes vacacional por definición. El mes en el que la ciudad se tiñe sólo de asfalto y de carteles de “cerrado por vacaciones”. Ni el estanco de la esquina, ni el bar de abajo, ni la panadería de la plaza… Todos se rinden a los encantos de agosto. Y el corazón viajero, ávido de experiencias, ya tiene su reserva, su crucero o su hotel, su vuelo y su media pensión o alojamiento con desayuno, su playa, su biquini y hasta la sana intención de salir a pasear cada mañana a ver si baja algún kilito.
El alma trasnochada pero viajera, como la mía, e indecisa por definición, variable, cambiante e inestable, aún no sabe si optará por Marruecos, Turquía, crucero a Túnez u hotelito con encanto en Praga. No, aún no lo sabe y el tiempo se le echa encima, pero no importa: la indecisión, tratándose de estas lides, también es placentera. Basta un click para desatar los sueños y la imaginación, que quieren llegar a Chaouen, saborear Estambul, dormir en Cartago y despertar en Alejandría. Basta un click para abrirse al mundo y al merecido descanso.
Ni los precios ni los deseos aclararán mis dudas: un paseo a mi agencia de cabecera, quizá sí.
Prepárense ustedes, esta tarde me planto allí con mi maleta y prometo no salir hasta tener mi destino bajo el brazo.