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Viajar… ¡ese ejercicio para el alma!

20 marzo, 2012

Que el invierno pasa factura al cuerpo y al alma es tan cierto como que la primavera ha llegado.

Así que, tras el acochinamiento general, traducido en algún que otro kilo, ayer, chándal en ristre, me dispuse a deshacerme a golpe de paseo de 40 minutos diarios –sin premio de bollería al final– de aquello que el exceso ha regalado a mi cintura. Pero hete aquí que mis ojos se detuvieron en un escaparate, y no, no era una pastelería, sino algo mucho más dulce: una agencia de viajes. Ay, mens sana in corpore sano. Viajar… ¡ese ejercicio para el alma!
De todas las apetitosas ofertas  que me llamaban pecaminosas tras el cristal, una me produjo escalofríos, espasmos y sudores. Viena en Semana Santa. ¡Sí!
¿Por qué? Porque este año se cumplen 150 años del nacimiento de Gustav Klimt y Viena acoge numerosas exposiciones suyas en varios museos, desde el Albertina al Museo de Viena.  ¿Por qué más? Porque desde enero se está representando “Cats”, con un escenario completamente redondo. ¿Más motivos? Sí, los mercados –ahora con los huevos de Pascua–,  bares, palacios restaurantes, el Graben, una amplia plaza repleta de tiendas y terrazas de cafeterías con grandes sombrillas… Por la Ópera de Viena, el Museo de Bellas Artes, el Parlamento, el Ayuntamiento…
Así que, emocionada con el estímulo, me pillé una palmera pensando que esos gramos –tampoco hay que exagerar– me los quitaré pateando esta ciudad, que se lo merece, dada la cantidad de excusas que me ofrece para hacer las maletas y dirigir allí mis pasos.
¿Vosotros tenéis ya destino de Semana Santa?
¿No?
¿Y a qué esperáis para quitaros la torrija?
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¿Qué habría pasado si…?

10 noviembre, 2011

¿Qué habría pasado si en aquella hermosa película de Clint Eastwood llamada “Los puentes de Madison” Meryl Streep se hubiera bajado del coche para irse con su amante?

¿Y si Escarla O’Hara no hubiera vuelto a Tara? ¿Se habría casado con Rett o habría esperado a que Ashley se quedara viudo?

¿Estarían Meryl Streep y Robert Redford felices en su granja de África si él nunca hubiese subido a esa avioneta?

No podemos saberlo. Y además es ficción. Ficción tan real como la vida misma. Historias de amor, que van y vienen, que avanzan y retroceden. No podemos saber lo que habría pasado pero sí sabemos lo que pasa. Os lo traduzco a efectos prácticos.

No puedo saber lo que va a pasar si reservo un fin de semana en Viena, un viaje para fin de año a Nueva York, tres días en la nieve en el puente de diciembre… No puedo saber lo que va a pasar: quizá me caiga esquiando pero me ayude a levantarme el hombre de mi vida, quizá compre Levis a 20 euros o me enamore en el MOMA, o quizá pasee mis tristezas y soledades sin más compañía por las evocadoras calles vienesas. No lo sé, no puedo saberlo.  Pero sí sé lo que pasa si no lo hago: nada.

Meryl Streep perdió el viaje de su vida al no bajarse de aquel coche y en el resto de sus días no pasó nada. Perded el avión si hace falta –quién sabe lo que nos espera en el aeropuerto–, pero no perdáis la oportunidad de ver el mundo desde otro ángulo, desde otro sitio. No sabemos lo que va a pasar cuando lleguemos al destino elegido. Pero sí sabemos lo que va a pasar si nos quedamos quietos: nada.