Posts Tagged ‘avión’

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¿Qué habría pasado si…?

10 noviembre, 2011

¿Qué habría pasado si en aquella hermosa película de Clint Eastwood llamada “Los puentes de Madison” Meryl Streep se hubiera bajado del coche para irse con su amante?

¿Y si Escarla O’Hara no hubiera vuelto a Tara? ¿Se habría casado con Rett o habría esperado a que Ashley se quedara viudo?

¿Estarían Meryl Streep y Robert Redford felices en su granja de África si él nunca hubiese subido a esa avioneta?

No podemos saberlo. Y además es ficción. Ficción tan real como la vida misma. Historias de amor, que van y vienen, que avanzan y retroceden. No podemos saber lo que habría pasado pero sí sabemos lo que pasa. Os lo traduzco a efectos prácticos.

No puedo saber lo que va a pasar si reservo un fin de semana en Viena, un viaje para fin de año a Nueva York, tres días en la nieve en el puente de diciembre… No puedo saber lo que va a pasar: quizá me caiga esquiando pero me ayude a levantarme el hombre de mi vida, quizá compre Levis a 20 euros o me enamore en el MOMA, o quizá pasee mis tristezas y soledades sin más compañía por las evocadoras calles vienesas. No lo sé, no puedo saberlo.  Pero sí sé lo que pasa si no lo hago: nada.

Meryl Streep perdió el viaje de su vida al no bajarse de aquel coche y en el resto de sus días no pasó nada. Perded el avión si hace falta –quién sabe lo que nos espera en el aeropuerto–, pero no perdáis la oportunidad de ver el mundo desde otro ángulo, desde otro sitio. No sabemos lo que va a pasar cuando lleguemos al destino elegido. Pero sí sabemos lo que va a pasar si nos quedamos quietos: nada.


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¿Segura sin seguro?

10 mayo, 2011

Mira tú por dónde me levanto un lunes sin ganas de mirarme a la cara. Y no, no es que el domingo hubiera sido especialmente festivo, más bien todo lo contrario. De ahí que no quisiera mirarme a la cara. Y no, en mis sueños tampoco pasó nada emocionante: ni Paul Newman, ni George Clooney haciéndome un café ni Cristiano Ronaldo pasándome un pendiente. Na de na.

Resuelta que es una, apuesto por quitarme la cara de ajo (después del curro, claro; al trabajo da igual ir con cara de ajo que de acelga, o incluso de folio. No, nunca va a asomar por la puerta el hombre de tu vida ni en forma de técnico que repara la impresora, ni en cuerpo de joven musculado que reparte el papel ni de madurito interesante que viene a ocupar el puesto de tu malhumorada jefa) pegándome un viaje de fin de semana. Hay que romper las rutinas a base de bien o las rutinas te romperán a ti.

Dado que si una se levanta de mal humor, se acuesta con él (jamás con otro, es lo que tiene: o sonríes o na de na y hay días que la sonrisa está más escasa que los euros en mi cartera a final de mes); me pillo una escapadita económica a una isla: mar, sol, un mojito. Pero mi ofuscación (no tenía el día pa truenos) me llevó a decirle al vendedor que necesitaba el seguro de viaje en la misma medida que necesito un marido dominante: es decir, nada.

Y ahí estuvo mi error. No en lo del marido, no: sigo empeñada en llevar yo siempre los pantalones. Mi error estuvo en el seguro de viaje. Más bien en la ausencia de él. Hay una especie de ley no escrita que dice que si el lunes te levantas de mal humor… el viernes a las siete no lo tienes mucho mejor. Si a eso le mezclas el sueño y unos tacones… esguince al canto y viaje a la mi… smísima basura. ¿Y el seguro? Donde mi sentido común: en ningún sitio. A pringar, y encima con la pata chula.

Es decir: reserva en la mesa…. ¡presa! Los del hotel tan felices con su habitación pagada y libre. El avión… voló tan pichi sin mí… ¿Y el de la agencia? Todavía se está partiendo de risa.

Consejo: más vale unos eurejos del seguro en mano, que ciento volando.

See you en la próxima travesía.