Posts Tagged ‘crucero’

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Viaja, que algo queda

5 julio, 2011

El verano, el tiempo, la vida… son un abrir y cerrar de ojos. Y no podemos pasar por este suspiro sin alimentarlo de emociones, sensaciones, ilusiones y…¡viajes!

Estamos a 6 de julio. Pasado San Fermín, nuestros pasos se dirigen firmes hacia agosto y, en un plis-plas (vale, estoy dramatizando, pero es que yo soy así, muy exagerá), llegan las caravanas de vuelta a casa, los libros de texto, los Corticoles y las clases de inglés.

Después de leer este post, echaos la siesta. Despertad el 6 de septiembre y decidme qué le queréis contar al mundo. ¿Que no te fuiste de viaje en verano porque hiciste obra en la cocina? ¿Que no saliste porque tu novio se ha quedado en paro? ¿Que bueno, no has viajado, pero has ido mucho de terracitas?
No, amigos. El 6 de septiembre nuestras arcas estarán más o menos como ahora (las de unos llenas, las de otros no tanto y habrá otras vacías), pero podremos gritarle al mundo que vimos amanecer en Tánger, que visitamos Antigua, que en nuestro crucero conocimos al amor de nuestra vida o que escuchamos la primera llamada a la oración en Luxor.

También describiremos el placer del agua y la arena en los pies, el sabor del mar. El tibio aroma a sal en la piel.

El 6 de septiembre seremos los mismos, quizá ni más ricos ni más pobres, pero sí más felices. Y podremos recordar el sabor del pan en Francia, del vino en Portugal o de la cerveza en Praga. Y alimentar nuestro latido con la esencia de mil atardeceres que nos vieron gritarle al mundo aquello de gracias por existir y ser tan distinto y generoso en cada uno de tus rincones

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Volver a Túnez

24 mayo, 2011

Sue en Túnez

De todos los sitios a los que podría dirigir mis pasos este verano, hay destinos que resuenan en mi cabeza (y en mi corazón) con fuerza. Me tienta Siria, me encantaría Jordania, iría con los ojos cerrados a Jerusalén, recorrería Marruecos, me quedaría un mes en El Cairo y volvería, de nuevo, a Túnez.
Quizá sean muchos –con o sin razón– los que desaconsejen visitar estos países (veánse páginas de actualidad internacional), pero hay algo en ellos que resulta atrayente sin remedio.
La entrada de hoy va por y para Túnez, y sus tunecinos, tan amables, risueños, simpáticos y mediterráneos.
Desde aquí y ahora, pido la voz y la palabra para reivindicar la costa tunecina como un verdadero paraíso para pasar las vacaciones de verano. Son muchos los cruceros que recorren la costa y hacen parada en los enclaves emblemáticos del país:
Tabarka. En la costa Norte, muy mediterránea: playas pequeñas, calas de arena fina, agua cristalina, corales y hasta restos romanos. Un pescado de morirse. Vino blanco. ¿Alguien de más?
Jerba: Ubicada en una isla frente  a la costa: sol, arena blanca, ruinas romanas, castillos, fortalezas de piratas, un zoco impresionante y toda la infraestructura hotelera que puedas desear.
Hammamet: Situada en un golfo y orientada hacia Malta. Tiene todo lo que atrae en verano: playa, hoteles, restaurantes… ¡y turistas! Hermosa por definición, el único pero que tiene es que quizá si permaneces en Hammamet te pierdas el Túnez más auténtico, que es el mejor.
Y así podríamos seguir por Sousse, Monastir, Melloula, Berkoukech… Y necesitaríamos todo un verano para descubrilos y/o que yo os lo cuente. Así que abrevio y os hablo de mi triángulo tunecino favorito: Cartago-Sidi Bou Said-La Marsa. Y le sumamos La Goulette, sí, el pueblo de “Un verano en La Goulette”. Y lo sumamos porque todas estas localidades están la una de la otra a cinco minutos en taxi (3 euros) y porque ir de Cartago (donde te alojas, por ejemplo) a cenar a La Goulette (donde está el mejor pescado fresco  que yo haya tomado jamás) y subir a tomar un té a Sidi Bou Said, no es un viaje: es un paseo. Y un placer.
Y porque, además de estar pegadas las unas a las otras, todas están a 20 minutos de la capital, un buen sitio para pasar el día: el museo del Bardo, la mezquita de la Aceituna, el impresionante zoco… Y el mejor cuscús del mundo. Eso sí, atrévete a comerlo en un restaurante tradicional y, por un día, haz el esfuerzo de salir del circuito “oficial”. Prometo que no te arrepentirás.
Poco o nada puedo añadir sobre Cartago: puedes hartarte a ver ruinas romanas, su museo, tiene unas playas preciosas y un magnífico teatro romano donde todas las noches hay música, teatro, ballet… Al ladito, La Marsa, que cuenta, probablemente, con las mejores playas de la zona ¡y los mejores zumos naturales! Y a tres minutos en coche, el paraíso: asentado sobre una pequeña montaña, con el Mediterráneo a los pies, se eleva el pueblo más hermoso que uno pueda imaginar; un entramado de callejas blancas y azules pobladas de gentes que regalan jazmines y sonrisas a partes iguales. Un paraíso de relax y calma.
Recordándolo, sólo tengo un deseo: volver a hollar sus calles empedradas y ver desvanecerse el día en una de sus magníficas terrazas mirando al mar, mientras suenan, evocadores, los ecos del minarete y el aire huele a flor, incienso y sal.


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De despistes y otros desastres

1 mayo, 2011

Javier y sus hijos pierden el barcoMi amigo Javier es un verdadero desastre, aunque todo un amorcito. Capaz de olvidarse hasta de su nombre, a  nadie le sorprende que llegue tarde al trabajo tres días seguidos porque olvidó poner el despertador. Y lo que es más grave aún: no es una excusa. Es cierto.

Mi amigo Javier está divorciado y tiene dos niños que son una monada (cuando están dormidos). Las criaturitas tienen seis y nueve años y una pasión desmedida por tocar, coger y romper lo que no es suyo.

Mi amigo Javier, en un arrebato de generosidad, decidió tirar de chequera e invitar a sus dos monadas a un crucero rechulo por el Mediterráneo. Con lo que no contaba nadie es con esto que yo sí os cuento: mi amigo Javier es un desastre. Y si no, leer para ver.

El crucero parte de Valencia, rumbo Ibiza. Y mi amigo, que no es mucho de ir de tiendas, decide hacerse el padre divorciado enrollado y se lleva a los niños a ver lo último de la moda “adlib”. Tanto se emocionaron sus criaturillas, y él mismo, entre los linos blancos que llegaron 20 minutos tarde al barquito, que ya navegaba  por el horizonte… ¡rumbo a Túnez!

La tragedia no se acaba ahí: mi amigo Javier, “previsor”, había dejado los pasaportes en el barco. Chachi. “Oye, Sue, mira, te llamo desde Ibiza. Es que verás…” Y me soltó tol rollo. Y ahí me tenéis a mí, amiga entregada donde las haya, yendo a la agencia, tirando de teléfono y consiguiendo que le hicieran pasaportes de urgencia. Ah, y por supuesto, un vuelo Ibiza/Barcelona/Túnez.

Si creéis que la cosa acaba aquí, la lleváis clara. Si mi amigo Javier mete la pata, la mete hasta el final y dos o tres veces seguidas. En Barcelona, perdió el vuelo a Túnez. ¿Solución? Dormir en Barcelona y coger otro vuelo al día siguiente.

(Paréntesis: A todo esto, id sumando euros. Y no hemos acabado).

En Barcelona esa noche, esa bendita noche -no había otra noche del año-, tocaba U2, y mi amigo Javier y sus dos retoños, que ya estaban hasta las narices de viaje sin haberlo empezado, se tuvieron que ir a dormir a tomar por saco de la ciudad, el aeropuerto y hasta de cualquier rastro de vida humana.

Conclusión (es).

  1. Si te vas de crucero, lleva siempre el pasaporte encima y no lo dejes en el barquito.
  2. No te entretengas mirando trapos.
  3. No te despistes con los vuelos, sobre todo si en Barcelona toca U2.
  4. No llames a tus amigos esperando que se ocupen de tu incompetencia.
  5. Si además de no ser Carmen Lomana (por lo que el “cash” no es precisamente una cosa que sobre), no tienes en cuenta estos consejos, te pasará lo que a mi amigo Javier y tu viaje costará cinco veces más y lo disfrutarás cinco veces menos.

Dicho esto, os dejo hasta nuestra próxima escala bloguera. See  you, babys.